El mundo está cambiando.
A primeros de año asistimos al levantamiento de la Primavera Árabe.
Las revoluciones se extendieron, sin que nadie les pudiera poner freno, por todos los regímenes autoritarios del mundo islámico.
El mundo se despide de su tranquilidad a pasos agigantados.
Este verano la crispación saltó a Europa. Después de rescatar a
Grecia, de imprimir oxígeno a
Irlanda y a
Portugal y de conocer las
“delicias” de la economía española,
los indignados coparon las principales plazas del país para protestar, lástima que lo que empezó como una legítima reivindicación acabara denostado por la actitud de algunos de sus integrantes. En
Inglaterra una ola de saqueos y cabreos sembraron el terror y en Alemania, los
coches aparecen quemados, una protesta vandálica que recuerda a la de los inmigrantes de segunda generación en
Francia, hace ya algunos años.
Estamos viviendo en "la sociedad del mando a distancia", lo quiero aquí y ahora.
La situación actual, y la mala gestión que se está haciendo de la crisis, está llevando a un cambio de foco, a una reorientación de poder en el mundo. Las potencias emergentes comienzan a comportarse como superpotencias. China es la madre de muchos estados que desean levantar la cabeza y lo que se había convertido en tradición comienza a desplomarse.
Estados Unidos rehúye de las guerras para no incrementar su déficit y deja el testigo, como en Libia, a Europa, que no está para muchos trotes. Alemania pega un puñetazo en la mesa, apoyada por Sarkozy, e impone medidas a todos los miembros de la UE, para que el viejo continente no se desarticule por las malas políticas. Las dos grandes imponen su ley, aunque se equivoquen como con los pepinos y el dichoso E.Coli.
Un ejemplo del cambio está en el deporte. La NBA anuncia parón y muchas de sus estrellas quieren irse a China. Los clubes turcos de Euroliga hacen fichajes sólo aptos para nuevos millonarios. Turquía se está destapando como uno de los países a tener en cuenta, el islamismo de Erdogan acierta y mosquea a partes iguales. Los nuevos ricos rusos pagan 20 millones de euros al año, los poderosos jeques petroleros convierten equipos desahuciados en los clubes del futuro y las nuevas potencias, como Brasil, retienen a sus jugadores estrella en sus clubes pagando 6 millones al año.
El cambio ha llegado. Quizá no sea cuestión de ideologías, sino de gestiones y recursos.
Occidente pierde fuelle, las guerras estratégicas no están dando resultado y sólo la caza de
Bin Laden puede venderse como éxito. Triste balance para un grupo de países que está acostumbrado a ganar.
Ha llegado el cambio, ahora hay que asumirlo.