Maldita la honra que se le hace a un idioma cuando se crean términos que sólo tienen la misión de confundir y de maquillar la situación del que los pronuncia. Los daños al idioma producidos por lesiones al lenguaje son cada vez más habituales y a su vez más complejos. No me imagino a nadie hablando con el lenguaje que proponen los políticos y gracias a Dios abomino la curiosa manía de la clase discursora de inventar eufemismos para distorsionar una realidad mortificadora.
Nostálgico de un pasado de lengua clara. Recuerdo cuando nuestros militares iban a la guerra de los Valcanes, lugar donde se estaban matando inocentes. Ahora el ejército español va a misiones de paz en Líbano o Afganistán para paliar los daños colaterales. Hubo un tiempo en el que la gente descubría su orientación sexual y decía en casa que era homosexual. Ahora la gente sale del armario y dice que es gay, vocablo que tiene el honor de ser el eufemismo más utilizado en inglés.
Palabras que ocultan verdades con el afán de diseñar un mundo más agradable, un lugar en el que se pueda vivir sin que nadie sea un terrorista, sino un luchador por la libertad. Sin invasiones, pero con guerras preventivas. Sin muertos, pero con objetivos neutralizados. Un planeta sin inmigrantes, pero repleto de sin papeles, indocumentados o ilegales. Pero ante todo, una sociedad sin alma por ocultar la realidad. Amarga sensación la que debe sentir el que cambia el nombre de las cosas para que la verdad no retumbre en los oídos de la opinión pública y destruya la capacidad del ser humano de rebelarse para conocer la verdad.
Dice el señor Griñán, presidente de la Junta de Andalucía, que ahora los parados van a ser oferentes de empleo. Como si por dejar de denominarlos desempleados vayan tener un trabajo. Ahora serán personas que buscan el trabajo que quieren y no el que se oferta. Toma novedad. Seguro que con la nueva definición baja la cifra del paro en Andalucía, aunque no la de familías sin sustento. La crisis agudiza el ingenio, aunque este no sirve para aprobar medidas que arreglen la avería social que sufre el país, sino para disfrazar realidades con eufemismos baratos.
El eufemismo es el somnífero del ciudadano. Mauro Rodríguez Estrada en su Creatividad Linguística: Diccionario de Eufemismos asegura que el eufemismo puede ser un disfraz elegante y una careta bonita. "La metáfora que estimula, sublima, eleva, ennoblece, pero que también puede ocultar, disimular y distorsonionar. Detrás de las palabras elusivas se exhibe una cobardía, un temor inconfesado a enfrentar y afrontar las duras realidades de la vida y la sociedad", asegura Rodríguez Estrada en el prólogo de su diccionario.


0 Opina:
Publicar un comentario en la entrada
Todo comentario que agreda o insulte sera eliminado