Albert Einstein, tras descubrir la energía nuclear, dijo que había una fuerza motriz más poderosa que el vapor, la electricidad y la energía atómica: la voluntad. Se le olvidó añadir qué hacía falta para mover esas voluntades y hacer, de este modo, que la gente comience a caminar al unísono.
Cada minuto que pasa el ser humano no deja de avanzar, aunque se proponga no hacerlo. No se puede parar el paso del tiempo. Avanza y camina a un futuro no escrito. "Nunca se deja de morir", escribe Fito Cabrales en una de sus canciones cargado de razón. Pero hay dos formas de andar ese camino.
Observar lo que pasa a tu alrededor, no molestar tus pensamientos y adormecer la conciencia, hasta que el mundo decida qué va a hacer contigo, es una de las maneras de vivir. "Encomiéndate a Dios de todo corazón, que muchas veces suelen llover sus misericordias en el tiempo que están más secas las esperanzas", deben pensar los que eligen esta forma de caminar hacia el futuro, en consonancia con la directriz marcada por Miguel de Cervantes.
Por contra, otros prefieren buscar su destino. Correr a contrarreloj para llegar a la meta lo antes posible. "Un hoy vale por dos mañanas", sentenció Benjamin Franklin.
Dos formas de llegar al futuro. "El lugar donde voy a pasar el resto de mi vida", escribió Woody Allen en uno de sus magníficos guiones. El lugar que no decidimos, pero que buscamos con ansia y esperamos que nos resuelva el presente. Esperanzas que no hacen llegar a fin de mes, aunque parecen la decisión más importande de nuestra existencia.
"El futuro tiene muchos nombres. Para los débiles es lo inalcanzable. Para los temerosos, lo desconocido. Para los valientes es la oportunidad", escribió Victor Hugo. Ser león o cordero. Comer o esperar a que te coman. Quizá la solución sea mucho más fácil. Ni lo uno, ni lo otro. Sino todo lo contrario.


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