Durante cuarenta días tentó Satanás a Jesús en el desierto. Y lo hizo para que éste se plegara a su poder y renunciara al destino para el que había nacido. En medio del árido mar de arena, sin comida, sin agua, sólo con sus pensamientos y la certeza de que su destino era morir en la cruz para salvar a la raza humana, que no sigue su ejemplo. Cristo resistió las embestidas del Diablo. Reafirmó su voluntad para cumplir con la línea que Dios le había marcado. No cayó en la tentación, luchó por difundir las enseñanzas del Altísimo y murió junto a los ladrones. Pero pasó a la historia como un hombre feliz, que ha acabado siendo el personaje más relevante que ha pisado la faz de la tierra.
Cada persona nace para cumplir una misión en la vida. Dios nos pone en el mundo para jugar un papel, somos peones de su partida, que aunque sea idiota, es determinante para el devenir de los tiempos.
Mi papel es contar historias, dar a conocer realidades, mostrar un retrato fiel a través de mis palabras. Nací para vivir en un tablero en el que tengo libertad de movimientos. Sólo con una condición, andar el camino hasta el fin contando todo aquello que encuentro ante mis pasos. El único destino es el periodismo y las baldosas del sendero las van dibujando las historias que narro día a día.
Por esta razón, cuando me ofrecieron ser candidato a las próximas elecciones municipales, encabezar una lista política y encarcelar mi capacidad crítica, supe que ese no era el lugar que correspondía a un narrador de verdades. La forma que un periodista tiene de trabajar por el pueblo no es dirigir el destino, sino arrojar luz al director y al guiado para que naveguen seguros por las aguas de la vida. Ríos, manantiales, mares o arroyos, que pese a ser diferentes, siempre van ligados.
El NO fue la respuesta. Una negativa que no era más que la consecuencia de una desacertada oferta. Como en las tentaciones de Cristo, los ofrecimientos que me hicieron vinieron vacíos. No supieron acompañarse de la felicidad y de los sueños.
Desde pequeño soñé con ser lo que ahora soy. Un contador de historias. Leventarme cada mañana para tomar el pulso a la actualidad que me rodea y darla a conocer. Describir, mediante la voz o la pluma, lo que hay en torno a los seres humanos que habitan en un lugar determinado. El sueño, que se repite, es contar verdades y en su persecución es donde se encuentra la felicidad. Por este motivo, seguiré contando ovejitas por las noches, mientras éstas leen el periódico o comentan la última noticia que han dado los digitales. La política es mejor dejarla para aquel que bañe su almohada con discursos y decisiones.


0 Opina:
Publicar un comentario en la entrada
Todo comentario que agreda o insulte sera eliminado